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Los Andes

Convivencia más allá de las edades en Maipú

En un microhogar de la Dirección de Adultos Mayores de la Provincia comparten actividades desde hace unos días Oscar, de 69 años, y Brandon, de 23. Forman parte de una experiencia nueva en nuestro medio, que consiste en lograr una relación “intergeneracional” que busca el interés por experiencias de vida distintas. Testimonios.
Viernes, 25 de Agosto de 2017, 01:00

La vida es un recorrido en el que nos vamos encontrando, caminos que se cruzan y la oportunidad de compartir algunos pasos, transitar juntos un largo trecho y entregarle al otro parte de lo que somos.

Cuánto mejor si lo que se puede dar es la experiencia de vida, la sabiduría que da el haber aprendido a caer y a levantarse mil veces, en definitiva la perspectiva que dan los años. Y cuánto se puede crecer aun siendo mayor cuando una mente joven y con espíritu enérgico viene a interpelar la propia realidad. 

Esto, que es casi una revolución  individual, es lo que les está sucediendo a Oscar Ulloa (69) y Brandon Sánchez (23), quienes se encontraron para compartir un techo y enriquecerse los pasos. 

Oscar vive hace diez años en un hogar de la dirección provincial de Adultos Mayores, en Maipú, área que decidió embarcarse en un proyecto novedoso en Mendoza: un hogar intergeneracional, algo que ya se ha hecho con éxito en otros lugares del mundo pero que según comentó su director, Aldo Sáez, no tiene antecedentes en el país. 

La intención fue colaborar con este estudiante de ingeniería originario de Tunuyán y a quien le resultaba difícil sustentar un alquiler para poder estudiar aquí, en la UNCuyo. 

Así que le ofrecieron la posibilidad de vivir con Osar, donde además de techo tienen alimentos y una auxiliar que los ayuda por la mañana en el cuidado del lugar, la salud de Oscar y con la comida. 

Hace tres semanas comenzaron con esta convivencia que va viento en popa: han logrado articular sus diferentes horarios y modos de vida, y hasta encontrar instancias para compartir. “El cena muy temprano, casi cuando yo llego de la facultad, así que no sé si cenar o tomar la mediatarde”, dice con humor Brandon. “Yo antes no veía el noticiero pero como Oscar lo ve, ahora me siento a verlo con él”, agrega.  

 

Oscar

En el hogar San Isidro Maza, ubicado en el barrio El Maitén de Maipú, reciben a Los Andes con mate, café y facturas. La mesa invita a una charla relajada en la que Oscar no se priva de contar las peripecias que pasó en su vida. Miembro de una familia de 12 hermanos, estudió en la facultad de Filosofía y Letras pero no terminó y después de haber sido empleado estatal, se decidió a viajar por varios años.

También conoció a personajes como como César Jaroslavsky  mientras estuvo en Buenos Aires, gracias a su militancia radical y a su activa participación en campañas electorales. 

Vivía de lo que podía y dormía donde encontraba un espacio. Ha pasado noches a la intemperie e incluso en una biblioteca, opción nada despreciable para quien dice se ser curioso y ávido lector. Cuenta que también trabajó en Techint y en el Ministerio de Defensa. 

“Yo creí que no iba a llegar a los 70 por mi forma de vida, por la mala comida y las dormidas en la calle”, acepta. Y un momento después recuerda pensativo: “Mi padre me enseñó que tengo que mirar para adelante y que si mirás para atrás, retrocedés”.

Brandon

El más joven de la casa es hijo de una familia rural de Tunuyán. “Siempre estuve ahí, venir a Mendoza era como para otros ir a la playa, eran nuestras vacaciones. Y el cine era como ¡guau!”, cuenta. 

Dice que pensaba dedicarse a lo mismo que su padre o estudiar algún profesorado, ya que por aquella zona la mayoría de quienes estudian se dedican a la docencia o van al Instituto Tecnológico Universitario (ITU),  que es lo que queda cerca. 

Pero un profesor suyo pensó que debía probar con la facultad y le sugirió Ingeniería. Así fue que se atrevió a intentarlo y empezó el preuniversitario, lleno de temores y sin haberle dicho nada a sus padres porque suponía que no iban a querer.

“Me escapaba a a Mendoza para el pre”, relata su inició en este camino lleno de inseguridades: “No sabía si me aceptarían, acá no conozco a nadie y soy de un pueblo chico”. 

Un profesor de la secundaria lo ayudó a estudiar y cuando aprobó el ingreso, decidió decirle a sus padres. “Estoy feliz de que lo hayas hecho a tu manera”, le dijo su  madre. 

Actualmente está en 3° año. Al principio viajaba todos los días, 3 horas de viaje en colectivo: se levantaba a las 5.30 y regresaba a las 21 ó 22. Después sus padres pensaron en un hostel pero no se adaptó, estaba incómodo. 

En el interín comenzó a participar de proyectos sociales de la universidad y se vinculó a organizaciones con la intención de devolver un poco lo que obtenía de manera gratuita.

“Mi pensamiento es que tenemos que ser conscientes de que somos seres humanos y tenemos que buscar el bien común”, comenta y agrega: “Quiero salir de mi zona de confort, que son las ciencias duras”. Así le surgió la posibilidad de vivir en el hogar y aceptó el desafío. 

Intercambio

Los hogares intergeneracionales son modelos que ya se utilizan en otros lugares del mundo. Con la intención de probar a nivel local surgió este primer proyecto. Sáez contó que se estudió bien los perfiles de Oscar y Brandon para comprobar que fuesen compatibles. "La idea es que hagan cosas juntos, no que Brandon lo cuide sino que pasen tiempo de calidad”, resaltó. 

“Yo nunca tuve la figura del abuelo, es todo nuevo para mí y puedo recuperar esos momentos de sentirme en familia”, dice el joven, que ya piensa en enseñarle a Oscar a usar la tecnología para resolver asuntos como trámites. “Yo quiero que vaya a aprender a bailar tango conmigo”, comenta entusiasmado, pero parece que todavía no lo convence. 

“El hombre maduro puede aprender del actual, ellos tienen la tecnología que yo no tuve. A mí me parece bien, no se puede frenar el avance", admite Oscar, que conoce la “calle” y eso es lo que quiere transmitirle a Brandon. De hecho, ni bien llegó lo acompañó a tomar el colectivo para ir a la facultad. “Yo le puedo enseñar cosas y él a mí, el adulto mayor no es niñero de nadie”. 

Dice que camina unas 40 cuadras por día, por eso invitó a Brandon para de paso enseñarle las calles de la zona.

Junto con Mónica, la auxiliar, tienen una convivencia armónica en la que se percibe la contención y la preocupación por el otro. Oscar es diabético y cuenta que ella les prepara la comida e incluso  procura mejorar la forma de alimentación. “Me fue quitando la sal  y me acostumbré a comer brócoli”, cierra el hombre mayor del hogar.

Un crecimiento personal

Mendoza cuenta con 20 minihogares dependientes de la dirección de Adultos Mayores. Se trata de lugares donde viven generalmente dos o o tres personas que son “autoválidas”, es decir que no requieren de asistencia permanente y pueden manejarse solos. 

Aldo Sáez, titular del área, dijo que si bien se están dando los primeros pasos, ya están pensando en un segundo proyecto con características similares. La intención es que además haya una exigencia de buen rendimiento académico para los jóvenes y aportarles el apoyo que sea necesario para su crecimiento personal. 


Fuente: http://www.losandes.com.ar/